miércoles, 19 de agosto de 2015

Los dones perdidos de Blancanieves.-


                                                      Para mi querida Angie Rivarola ......por si fuese verdad.-



     Ayer, domingo, después del encuentro familiar del mediodía y cuando la casa retornó a su tranquilidad habitual, me fui a dormitar al sillón del escritorio, con la vista fija en la pequeña figura de un trol finlandés, que se vino con nosotros en nuestro último viaje, y que parecía que desde el sitial que desde entonces ocupa, con su mirada, quisiera transmitirme algo. Cuando finalmente logré dormirme, advertí que este pequeño personaje tomaba delante mío una dimensión importante, y que comenzaba a hablarme.

     Comenzó diciendo que hacía muchos años se había aparecido por sus lejanas y frías tierras del norte de Finlandia, nada menos que Walt Disney, en busca de algunas historias o leyendas con las cuales inspirarse para realizar una película, y que entonces conoció del trágico relato de lo ocurrido con una princesa, llamada Blancanieves, pero como le pareció que era preciso darle a la historia un final -que no tenía- le encontró uno que pudiera adecuarse a los criterios occidentales. Por eso es -me dijo, Oliver, mi trol- que la historia que aquí les han contado de Blancanieves no es como la conocen.

     Y siguió. Es cierto que era una niña muy pero muy bonita, de tez blanca y labios rojos sangre, que vivía en un lejano pueblo lapones junto a su padre, el rey, viudo desde el nacimiento de la niña, y que al cumplir ésta los 15 años se volvió a casar con una mujer tremendamente celosa y extremadamente envidiosa de la belleza de Blancanieves, a quien maltrataba cotidianamente, además, debido al inmenso cariño que le dispensaba su padre.

     La madrastra -que en realidad era una bruja- lo que pretendía era hacer desaparecer a la niña, ya que conocía que no podía terminar con su vida ya que al morir, su madre la había dotado de inmunidad, para que nadie pudiese terminar con su vida al menos hasta que, a su vez, ella no hubiese dado a luz a una hija a quien transmitirle ese mágico don. Para ello contrató a un sirviente del palacio quien, mediante engaños, debía llevarse a la niña hacia un país muy lejano, sin embargo éste no quiso cumplir con el recado y simplemente la trasladó hasta lo más profundo de un bosque cercano, en donde la dejó librada a su suerte junto a una modesta cabaña de madera que por allí encontraron, y que pensó que estaba abandonada.

     La madrastra, que silenciosamente les había seguido para verificar que se cumplieran sus instrucciones, al ver que Blancanieves estaba desprotegida, se acercó a ella despaciosamente y, utilizando sus poderes maléficos, le hizo un conjuro de resultas del cual la despojó de todos sus dones: la belleza, la alegría, la laboriosidad, la belleza de su canto, la simpatía, la sabiduría y la elegancia, los que arrojó al aire para que el viento los dispersara y los desparramase por cualquier parte. 

     Desprovista de todo su ser, Blacanieves cayó al suelo desmayada y allí permanecía cuando llegamos nosotros siete -siguió el relato de Oliver- que al concluir con nuestras tareas habituales, regresábamos a descansar a nuestro hogar, y allí la vimos: se trataba de una muchacha normal, más bien feucha y mal vestida, que nos sorprendió que estuviese allí dormida en la entrada de nuestra cabaña. La llevamos dentro y la pusimos sobre la alfombra ya que su tamaño superaba en gran medida el de nuestras camas, aun todas juntas.

     Al día siguiente cuando la muchacha despertó se mostró sorprendida de su presencia en ese lugar, pero no logramos que nos dijera nada, de modo que le hicimos saber que si quería quedarse allí, tendría que hacer los quehaceres de la casa, limpiar nuestra ropas sucias y cocinar para cuando regresáramos. Sin embargo, al anochecer, encontramos todo en la casa tal cual lo habíamos dejado, y entonces nos enojamos mucho con ella, a quien la conminamos a modificar su actitud o irse en la mañana.

     Cuando despertamos ya no estaba, de modo que bastante sorprendidos con lo ocurrido nos fuimos a trabajar, y así habrán pasado unas cuantas semanas. Una tarde, al regresar, junto a la puerta de la cabaña se encontraban un muy fino y joven caballero, y arriba de su elegante cabalgadura, nuestra muchacha, muy flaca, sucia y con sus ropas ajadas, que permanecía como adormecida. El joven nos pidió de entrar, y una vez que acomodó a la chica sobre la alfombra, nos contó que se trataba de Blancanieves, la pequeña hija del rey, que la había encontrado perdida en el medio del bosque comiendo una semillas caídas de los árboles, y a quien estaba buscando por pedido del rey quien preocupado de su ausencia, había prometido una gran fortuna a quien lograra dar con ella.

     Además, nos contó que cuando se enteró de esa proclama, la nueva esposa del rey se había reído de la iniciativa y le había relatado a su esposo que no le convenía salir en su búsqueda porque de la Blancanieves que él conociera no quedaba nada más que su exterior, al haber sido desprovista de todos sus encantos. El rey enfureció y luego de encarcelar a la bruja en los sótanos del Palacio, había triplicado la recompensa para aquel que, además de dar con su hija, lograran rescatar todos sus dones, encontrándolos en cualquier lugar del mundo en el que se encontraren.

    Siguió diciéndome Oliver que luego de concluir con su relato, el joven - que era un príncipe- los invitó  a que se asociaran a su empresa, encomendándoles a cada uno a encontrar  alguno de aquellos siete dones, y en eso estamos después de haber pasado unos 600 años. A mí -terminó Oliver sonriendo- me ha costado muchísimo dar con el don del canto, ya que han sido muchísimas las mujeres que a lo largo de los años me han cautivado con su voz; sin embargo, sé que aun no he dado con el que tenía Blancanieves.

     Finalmente me dijo que la niña aun aguarda en una de las torres del palacio, con paciencia e ilusión, la reunión de todos esos dones, y que algunos ya se han ido recuperando, como ser la belleza, la simpatía, la sabiduría y la elegancia, pero aún seguían tres de ellos, activos en busca de la alegría, la laboriosidad y la musicalidad, que es detrás del cual estoy, concluyó. Y yo que tengo que ver con todo esto? le dije. Acaso quieres que modifique aquella vieja historia que a todos nos han contado? Es por eso que estas aquí? Es por eso que cuando nos vimos no podía dejar de mirarte, al punto que tuve la imperiosa necesidad de traerte aquí, a un sitio tan lejano?

    Algo de eso hay -me respondió Oliver- pero no quiero que modifiques la historia conocida sino que me ayudes a concluir con la real, porque yo soy muy pequeño y en un mundo tan grande, solo, no podría hacer nada, y agregó ¿ no querrías darme una mano? Sí, le respondí, pero no sabría como hacerlo; todo parece un cuento fantástico, y fue entonces cuando, mirándome con mucha ternura, pero con unos ojitos bien pícaros, me dijo que sabía que cerca mío había una joven que, a su criterio, era el último eslabón de una larguísima cadena de transmisiones que la hacían la actual portadora de ese don, y ella es tu nieta, mi amigo -me dijo ante mi perplejididad y asombro-, ya que tiene la voz que a decir verdad, Blancanieves está aguardando que le sea reintegrada, para así seguir completando su propia personalidad.

     Pero si te consigo dar con ella -le respondí-  perdería ese don tan maravilloso que tiene y que a todos nos cautiva. No, me dijo, de ninguna manera, por el contrario; estamos autorizados a dotar a todas aquellas mujeres que nos entreguen voluntariamente el don que recibieron gratuitamente, de los siete, para que todas sean  iguales a ella.

     Repentinamente me desperté y observé que Oliver, desde su sitial, me seguía mirando, pero además advertí que ahora su carita tan rara, me parecía sonreir, desdibujando esa enorme nariz que le caracterizaba. Entonces me levanté del sillón y vine a escribir este relato.....para vos ! 
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