viernes, 8 de mayo de 2015

Estrella fugaz


                                                                    Para mi querida y cariñosa nieta Inés Rivarola ( Ine..Necha)

     " Buenas tardes, Peque" -escuchó que le decían desde la puerta- y dejando momentáneamente la lectura, le miró. Sin dudas que era guapo; tenía -además- la sonrisa más bella que hubiese visto alguna vez, hasta entonces. Así la miraba desde la puerta entre abierta de la biblioteca solitaria que esa tarde le había correspondido atender.

     Estaba en el colegio; en ese mismo colegio que diariamente la cobijaba desde su más remota infancia, cuando siendo una niña pequeña, la menor del Jardín, todos comenzaron a llamarle cariñosamente así, "Peque", en sobrenombre  con el que desde entonces siempre se la conoció porque sus compañeras de escuela, con los años, la llamaban así aun estando afuera.

     " Si -le dijo entonces al joven- ¿ que necesitas? " - " Estoy buscando alguna novela " - " ¿ Qué tipo de novelas te gustas " - siguió el diálogo mientras ella no podía dejar de mirar esos ojos tan dulces y esa sonrisa que no se le había borrado de la boca. " Hasta ahora he estado leyendo libros de aventuras, pero me gustaría cambiar hacia las policiales"

     Peque le pidió que la acompañara al sector en donde se encontraban esos libros, y con mano un poco temblorosa empezó a buscar alguno, pero advirtió que la presencia tan cercana del chico la ponía algo nerviosa, y al querer decirle que el mismo buscara algún título, le salió una voz horrible que la hizo sonrojarse, y luego reir.

     " A ver qué tenemos por aquí " -dijo el chico y empezó a tomar algunos libros en sus manos que, al llegar a los seis se los entregó para quedarse con uno, pero al recibir los libros, Valeria, "la Peque" sintió que el roce con las manos del otro la había como electrizado la suyas y por un segundo temió dar con los libros por el suelo.

     El había escogido "La joven Desaparecida", una novela de una escritora norteamericana, y estaba leyendo en la contratapa de que se trataba. Sin dejar de hacerlo le preguntó si ella la había leído y, avergonzada, tuvo que responderle que no, pero que las del Séptimo Círculo, como era esa, solían ser muy buenas.

     " ¿ Que tengo que hacer para llevarlo ? - " Solo dame tus datos" - y rápidamente, volviendo a sonreir, el le respondió "solo te los doy a cambio de los tuyos". La "Peque" sintió que las rodillas comenzaban a temblar y se apresuró a sentarse para que "él" no lo advirtiera, pero para dentro suyo sintió como un rayo de luz le recorría de arriba a abajo todo su cuerpo.

     " ¿ Cuanto tiempo me lo puedo quedar? " - Y si bien el plazo normal era de un mes, le dijo " hasta el lunes próximo" ya que ese día le correspondía volver a atender la biblioteca y sonriendo por primera vez agregó "pero lo podes renovar por otra semana".

     Anotó prolijamente los datos del joven - mientras pensaba que los pasaría inmediatamente a su agenda-; se sorprendió del nombre: Juan Tenorio Mercado, que le hizo algo de gracia, pero no lo demostró, y cuando ya estaba todo listo se arriesgó " ¿en serio queres los míos?" para escuchar un "me encantaría" que se le quedó como rebotando en su mente.

     "....me encantaría"....."me encantaría.....".....me encantaría....." para luego escuchar algo que la hizo volver rápidamente en sí: "....siempre quise tener el teléfono de tu hermana!" . ¿ Como? ¿ Otro que anda detrás de esa bruja? ¡ Que caradura!! Mirá la excusa que se buscó.

     Creyó que debía estar del color del tomate de la bronca que súbitamente le asaltó, pero el pibe no se las iba a llevar de arriba. Buscó en su agenda telefónica el número de Teresa, la preceptora flaca, peluda e impresentablemente descuidada -que se llamaba igual que su hermana- y se lo dio con un " que tengas suerte, Tenorio"   
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