viernes, 24 de julio de 2020

Don (gato)

                 

                                                                          Para mi querida nieta Guadalupe Luna (Guada de Trenque, como ella se presenta.


      La mañana en que Daniela se despertó mucho antes de lo acostumbrado, no sabía que su día sería muy diferente a lo que estaba acostumbrada que ocurriera. Se levantó muy despacio, para no despertar a su hermanito que dormía plácidamente en la cama de al lado, y se dirigió sigilosamente hasta la cocina –totalmente a oscuras- lo que le infundió un poco de temor.

Se tropezó con un banquito que había quedado fuera de lugar desde la noche anterior y abrió la heladera con la intención de tomar un poco de leche, que al pretender beberla directamente del sachet que la contenía se derramó originando un importante charco en el suelo.

Rápidamente miró en derredor con la intención de localizar algún trapo de piso y, al no encontrar ninguno buscó en uno de los cajones en donde se guardaban y, al abrirlo, contempló con asombro que dentro dormía plácidamente un gatito, medio atigrado, quien de inmediato abrió sus enormes ojos celestes y se la quedó mirando como diciéndole “¿qué estás haciendo aquí?”.

Daniela más que asustarse se maravilló del encuentro y con mucho cuidado –para evitar que el gatito huyera- comenzó a acariciarlo mientras el animal se dejaba hacer en tanto se desperezaba estirando bien sus cuatro patas y, alzando su cabeza, observó en el piso la leche derramada y de inmediato saltó de su cajón-cuna y comenzó a beberla.

Al terminar con esa grata tarea, la miró a Dani como pidiéndole un poco más, y esta la satisfizo volcando más leche sobre un plato de sopa que estaba en el escurridor. Cuando el gato terminó con este desayuno, se volvió a Daniela y, como si fuera la cosa más normal del mundo, le dijo “gracias”, sonido que paralizó a la niña, sorprendida de que el gato supiera hablar, pero sin amilanarse le respondió “de nada gatito, ¿ cómo es que podes hablar ?”

Este mirándola a la cara con esos grandes ojos, le dijo “no es tan extraño….todos los gatos hablamos….lo raro es que vos nos puedas comprender….¿quien te enseñó? “ – “A mi nadie, le respondió Daniela, pero quizás se deba a que ahora ya no uso tapones en mis oídos, porque misteriosamente se me han curado” – “Ah que bien, le respondió el gatito, se ve que por haber estado tanto tiempo con esos tapones, has ido acumulando sonidos que las demás personas dejan pasar sin escuchar y en cambio vos ahora, como compensación, escuchas mucho más que ellos”.

Y entonces siguió el diálogo. Que como te llamas? Que desde cuando dormís en el cajón? Que haces durante el día? Y el gato le iba respondiendo: Me llaman don Felipe porque nací en su casa, pero vos podes decirme Don que me gusta más; duermo aquí desde el día que descubrí que tu mamá dejaba un poquito de la ventana abierta por las noches, cuando quedaba encendida la calefacción; y durante el día hago lo mismo que hacemos todos los gatos, como vos haces todo lo que hacen los niños.

     “ Sí pero yo te pregunto –le respondió la niña- porque a lo mejor, desde hoy podemos empezar a hacer muchas cosas juntos. Por ejemplo ¿te gustaría acompañarme al colegio ? A hacer los mandados? A andar en bici por la vereda?” – “Pero por supuesto, le respondió Don, y también me gustaría que me enseñaras a cantar porque te he escuchado y lo haces muy bien; a tocar ese pianito que te regalaron en Navidad, que suena tan lindo; a andar en patines!! en fin a todas esa cosas que te divierten“

      “A vos te parece que podrás? – le dijo Daniela mientras le acariciaba la cabecita- creo que son cosas muy difíciles para un gatito” – “No creas -le respondió Don- yo a cambio te enseñaría a treparte hasta las copas más altas de los árboles; a esconderte en lugares insólitos; a visitar las casas de los vecinos y espiarlos por las ventanas sin que se enteren; a incorporarte a nuestras reuniones de gatos, ya que poder contar con alguien que nos escuche para nosotros sería muy importante. Serías como nuestra vocera. ¿Qué te parece Dani?."

      En ese momento se apareció por la cocina, medio dormido todavía, su hermanito, sorprendido al ver que Daniela estaba hablando sola. “No estoy hablando sola –le dijo enojada- estoy conversando con este gato” “Jua jua jua -se rió Ernestito- los gatos no hablan” – "Si le dijo Dani muy convencida, “ ellos hablan, lo que pasa es que vos no los  escuchas” – “Y porqué no los escucho?” – “Simple; mis oídos ahora escuchan muchos más sonidos para compensar a los que antes no podía” “ No vale, le dijo Ernesto, y se puso a llorar.

     De repente se escuchó clarita la voz de Don que decía: “Mira Ernestito, vos también podes escucharme, siempre que quieras hacerlo, pero me vas a tener que regalar algo que te guste mucho, mucho” – El niño se puso a pensar que era lo que más quería hacer, si escuchar a un gato o entregarle algo propio. Descartó totalmente la pelota de fútbol de cuero, los disfraces y los anteojos negros luego de un ratito le respondió. "Ya sé…te voy a entregar lo que más quiero en esta vida, a mi hermana!!”

      “No!!! - saltó esta-  ¿Cómo me vas a entregar a mí? Y ya no seremos más hermanos?”
“Si, no te preocupes porque como vos no me vas a entregar a mí, podemos estar los tres y así divertirnos más que antes!!” – “Esta bien, intervino entonces el gato- pero a cambio a mí entonces me gustaría presentarles a Donatela, la gatita que vive en la casa de la vereda del frente y así podremos salir los cuatro” “No estoy de acuerdo ! –afirmó con mucha firmeza Daniela- Primero tenía que compartirte con mi hermano, está bien, pero ahora con otra gatita? Es el colmo, o nos quedamos solo los dos, o me voy a dormir y se acabó el juego” Y desapareció rumbo a su cuarto.-

Un rato más tarde, la mamá llamó a los dos niños –que aun dormían- a desayunar, y al aparecer Dani en la cocina se dirigió hacía el cajón-cuna del gatito y no encontró a nadie. Entonces, muy despacito, le preguntó a Ernesto si recordaba lo que había ocurrido en la cocina con el gatito y ante la respuesta de “¿Qué gatito!!!!” cayó en la cuenta de que todo había sido un sueño, y un poquito se entristeció.

Media hora más tarde, cuando esperaba a su papá en la vereda para que la llevase al colegio, escucho detrás suyo  a una vos que le decía “¿Cómo estas? “ Y al girarse vio al gatito, se agachó, lo levantó y le dio un beso enorme mientras le decía “este será siempre nuestro secreto”, y ocultándole en sus brazos, se lo llevó al cole.



  



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